Mujeres poco recomendables: La indecisa

Tienen su gracia. Lo digo por el consejo de “oiga, g. Podría usted hablar también de mujeres recomendables. ¿No todas somos así, sabes? Jodido tocapelotas“. Siempre tan elegantes, mis queridas lectoras. Claro que sí. También podría plantar un árbol o coleccionar postales de Natura o hablar sobre el cambio climático y la talla 36. Esa que tanto os jode. Pero no lo voy a hacer. Lo que  voy a hacer es ciscarme en tu consejito y repartir jarana a mansalva. Indecisa feliz. La indecisa feliz sabe que es indecisa y también sabe que, demonios, tampoco es para tanto. Sabe que le cuesta decidir. Sí. Pero también sabe que realmente importa un carajo si en vez de un emperador se hinca un cochinillo segoviano entre pecho y espalda. La indecisa feliz vive en una especie de nube de indecisión que a veces le hace parecer despreocupada. Por no decir tonta del culo, claro. Queda peor. La indecisa feliz, querido lector, en el fondo es más lista que tu y que yo. Porque preocuparse en exceso por si la puta tele ha de ser HDTV o mejor Full HD sí es ser un poco tonto de culo, ¿no creen? ·Indecisa participativa. La indecisa participativa lleva fatal lo de ser indecisa. Es como un gordo mod. Como que no. Por eso se esfuerza de la hostia y en cada decisión en la que participa suda la gota gorda. Pobre. Resulta hasta tierno su ahínco. La indecisa participativa discute y se informa y pone un interés desmesurado en sopesar opciones y dar muletazos a la decisión final. Su problema es que pincha a la hora de matar. Enrique Ponce es Jason Bourne al lado de nuestra protagonista. Tomar la decisión final. Esa de si se hace mechas o sólo se recorta las puntas, esa decisión la pone en el borde de precipicio. ¿Y si me equivoco? ¿y si es mejor la otra opción? ¿y si? ¿y si? Los putos “¿y si?“, que tantos polvos y Gin Tonics y maridos un poco menos cornudos nos ha costado. Indecisa porculera. Esta fulana me toca las pelotas particularmente. Le daba igual el restaurante, le daba igual jamón o micuit, le daba igual Priorat o Burdeos. Maldita sea, le da todo igual. Y hasta aquí ningún problema. Pues bien, cada palo que aguante su vela, no seré yo quien llore. Hasta aquí, como decía, todo bien. Pero es que luego a esta zorra le parece todo mal. El corte del jamón es demasiado grueso, el restaurante es demasiado ruidoso, el Burdeos “sabe poco a fruta“. La jodida indecisa porculera putea al camarero y pone los ojos en blanco cuando la jefa de sala apunta en su libretita que la carne está “demasiado poco hecha“. Jefa de sala que, por cierto, debe estar cagándose en la puta madre de tu amiguita.

Filed Under: Opcionesphoto gallery

Tags:

About the Author:

RSSComments (0)

Trackback URL

Los comentarios están cerrados.