Flor Peña y Marley con sus bebés en Pinamar. FOTOS. NOTA CARAS

Mientras Marley (47) termina de afeitarse y Florencia Peña (43) de maquillarse, a pocos metros, sus hijos Mirko y Felipe duermen plácidos en sus cochecitos, uno al lado del otro. Pasado el mediodía el sol se refleja con mayor intensidad en la piscina de la casa de Pinamar del conductor de Telefe. Arriba de la mesa, el mate, las facturas y los dos chupetes.

“Es la primera noche que duermo de corrido. Flor me recomendó una niñera increíble que me está ayudando un montón. Estoy agotado pero feliz. Mirko empezó a mirarme y reconocerme, es lo más lindo que me puede pasar”, cuenta Alejandro Wiebe sobre el hijo que tuvo a través del método de vientre subrogado en Wisconsin, Estados Unidos.

Son las dos de la tarde de un caluroso miércoles de enero y el primero que se despierta es su heredero. E inmediatamente se escucha la voz del bebé que la actriz tuvo con el abogado salteño Ramiro Ponce de León (42).

“Están mimetizados, se llevan 15 días de diferencia: ‘Feli’ nació el 12 de octubre y Mirko, el 27. Si uno grita, llora o se ríe, el otro también hace lo mismo. Hay que prepararles la mamadera en el mismo horario, se prestan la ropa. Están conectados, nosotros decimos que son gemelos de vientres distintos”, asegura entre risas la madre de Tomás (15) y Juan (8) —fruto de su relación con Mariano Otero— en la primera producción de los cuatro que CARAS retrata en exclusiva.

Observar a Marley y a Florencia juntos es como contemplar a dos niños grandes jugando divertidos. Desde su primer viaje a Suiza con el programa “Por el mundo”, hace 15 años, les fue imposible dejar de verse y reírse.

“Estuvimos cuatro días tentados, fue tan fuerte la química que esa emisión fue lo más visto de Telefe. Lo que nos pasa es único, como si estuviésemos sincronizados: uno dice algo y el otro lo completa. Es como jugar un partido de tenis perfecto donde jamás se cae la pelota. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos que ser amigos”, destacan mientras Flor sostiene en brazos a Mirko y Marley, a Felipe.

“Fue increíble cómo nos enteramos del embarazo del otro. A comienzos del año pasado, Flor me llama y dice: ‘¡Voy a ser mamá de nuevo!’ En ese momento a mí ya me habían avisado desde EEUU que se venía Mirko pero estaba esperando más tiempo para contarlo. No me pude contener. ‘¡Yo también voy a ser papá!’, le respondí. Nos pusimos a llorar. Sabíamos cuánto deseábamos un hijo y lo complicado que fue para ambos. Que se concretara de manera simultánea fue un regalo divino del destino”, agrega orgulloso el flamante papá.

—¿Cómo viven las primeras vacaciones con sus bebés? —Florencia: es todo alborotado pero hermoso. Me encanta compartir por unos días la maternidad con él. Yo sabía que un hijo le iba a cambiar la vida. Todos los amigos lo imaginábamos así de presente y enamorado de Mirko, pero verlo te emociona. Obviamente que con un bebé uno toma sus recaudos, pero lo más lindo de nuestra amistad es que ahora con ellos seguimos diciendo las misma taradeces y divirtiéndonos mucho.

—Marley: Me encanta recibir a Flor y a Felipe en casa, ver cómo empiezan a relacionarse los bebés es maravilloso. Me sorprendo día a día. Mirko revolucionó mi realidad, todas mis prioridades se centran en él, planeo mis viajes en base a su libreta de vacunación. El otro día le fui a dar la BCG y las enfermeras lo saludaron como si fuese un rockstar, no había una que no quisiese la foto con él. Flor me carga porque también soy un papá un poco obsesivo, lo vuelvo loco al pediatra preguntándole si es normal cada cosa nueva que hace. —¿Cuál es el más tranquilo? —M: Los dos son tranquilos pero tienen su carácter: cuando se enojan, te lo hacen notar: son bravos. —F: Son parecidos en cuanto a las actitudes que van manifestando. Nunca me había pasado de reconocer a mi bebé en otro. Y ahora que convivimos en Pinamar, veo que Mirko hace las mismas cosas que ‘Feli’. Los ponemos juntos y morimos de amor viéndolos sacar la lengua, moverse y gesticular de la misma manera.

—¿Empezaron a interactuar de a poco? —F: Todavía son muy chicos pero ya pegaron muy buena onda. Cuando los acercamos, no se ponen histéricos. Creo mucho en la energía e intuyo que van a ser dos copados de grandes, como los padres (Risas). —M: Nos enorgullece saber que con los años cada vez que nos reunamos van a poder jugar y prolongar nuestra amistad. Me los re imagino como mejores amigos.

—¿Defienden el colecho? —M: ¡Sí! Desde el primer día que estuve a solas con Mirko en Chicago, hago colecho. Nada se compara con la maravillosa sensación de dormir con tu hijo, amo el olor a bebé que te queda luego. —F: Sí. No me arrepiento de haber dormido con todos mis hijos cuando eran bebés, es una experiencia única mientras no los aplastes. Ahora vienen unas cunas súper avanzadas que las unís a las camas y quedan perfectas. Después, a medida que crecen, se adaptan a dormir solos.

“¡Ahora hace colecho con Toto y Juanita!”, bromea Marley sobre el romance entre el hijo de Peña y la hija de Marcelo Tinelli. “¡Lo haría si ellos me lo permitiesen, por las dudas!”, remata ella.

—¿Le pide sugerencias a Florencia sobre la crianza? —M: Sí, la consulto porque aunque no se note ella tiene más experiencia que yo (Risas). Se da naturalmente. Hablamos mucho porque Felipe estuvo en Neonatología como Mirko ya que nacieron prematuros. Antes del parto me leí todos los libros sobre paternidad, pero aprendí más cuando prácticamente convivía con las enfermeras en Wisconsin durante esos días que mi hijo estuvo internado. Ellas me decían que me vaya a descansar pero yo no me quería despegar de mi bebé. El único día que fuí al hotel a cambiarme de ropa, me llamaron para decirme que Mirko había empeorado. Volví rápidamente, lo puse en mi pecho y milagrosamente sus pulmones empezaron a estabilizarse. Desde ese momento, le prometí que iba a estar siempre conmigo.

—De hecho, lo va a acompañar en sus viajes… —M: Sí, voy a hacer un especial de “Por el Mundo” con Mirko, en el contexto del Mundial de Rusia 2018. Nos encantaría que se sume Flor con Felipe en alguna de las emisiones. Veremos cuándo tiene un espacio en su agenda ya que vuelve con su obra “Los Vecinos de Arriba” a la cartelera porteña.

—-¿En qué se identifican con sus hijos? —M: Físicamente lo veo parecido a mí, aunque Mirko es más gordo que yo de chico. Tiene mi boca y mis ojos. —F: Felipe hace caras raras y se ríe mucho, ahí está mi herencia. Después es un calco del padre. Yo le digo “Sr. bebé” porque tiene cara de hombre. Mirko es más bebote. Mis varones más grandes quizás se parecen un poco más a mí. Ahora están fascinados con su hermano, son súper amorosos, me ayudan a cuidarlo.

—El bautismo de Felipe fue hace poco, ¿Cuándo será el de Mirko? —M: El bautismo de Mirko con el Papa fue un chiste. No sé si lo voy a bautizar formalmente. Sí va a haber una reunión íntima en Buenos Aires cuando coincidamos con los tiempos de Susana Giménez y Coco Fernández, sus padrinos. También estarán sus otras madrinas: Flor y “La Negra Vernaci”

—¿Mantiene contacto con la donante y la persona que alquiló su vientre? —M: Tengo todo el álbum genealógico de la donante para que en un futuro Mirko conozca sus orígenes. Incluso, puede contactarla, ella me lo autorizó. Pero como no suele haber relación con la donante, no me comunico con ella. En cambio, con Brittany, quien lo llevó en su vientre, me mensajeo. Ella me sigue en las redes y ve el crecimiento de Mirko. El día que me fui, dejé que lo saludara junto a su familia y las enfermeras se sorprendieron porque no es común el contacto luego del parto. Yo jamás impediría el vínculo con las mujeres que me ayudaron a cumplir mi sueño.

—¿Cómo quieren criar a sus hijos? —M. y F.: Los criaremos con libertad. La crianza es un camino en conjunto. Cada hijo es distinto y uno acompaña desde el lugar que le toca para que sean felices. Ellos no nos pertenecen. Nosotros somos la vía para que solos encuentren sus alas y vuelen. Uno como padre siempre los sostendrá y tratará de aliviar el dolor, pero no podremos impedírselo aunque lo deseemos. Por eso, es fundamental darles la mayor cantidad de herramientas posibles para que sean independientes y encuentren su camino.

—¿Buscaran a la nena? —F.: Por ahora no buscamos a la nena con Ramiro, pero como en mi vida no existen los imposibles, no cierro las puertas en el futuro. —M.: ¡Sí! porque si bien Mirko tendrá amigos, nada iguala el amor fraternal. Me encantaría que llegue la nena, pero será más adelante cuando me organice, dos bebés demandan mayor responsabilidad y tiempo. Aunque tampoco voy a dejar pasar muchos años porque quiero que mis hijos compartan muchas cosas como hermanos. Los flashes terminaron hace media hora. El atardecer trae brisa y quietud. Sentados en el césped del jardín, Marley y Florencia comienzan la tercera ronda de mates. Todo está en reposo. Salvo, las miradas entusiastas de Felipe y Mirko sobre los ojos de sus padres. Excepto, la vida que, al igual que el árbol que ahora les regala sombra, siempre da sus frutos.

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Fuente: por Naiara Vecchio (desde Pinamar) M.DUBINI/PERFIL

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