Laurita Fernández, súper enamorada de Nico Cabré, apuesta a la convivencia. Notas CARAS

Apenas terminó el último programa de Showmatch,Laurita Fernández (28) voló de inmediato a Mar del Plata porque a la noche debutaba con Sugar en el Teatro Neptuno, donde hace 30 años Susana Giménez brilló con la misma obra. Así fue su 2018: sin espacios vacíos en su agenda. En su poco tiempo libre retomó un viejo hobby e incorporó una nueva destreza.

“Fue un año de mucho trabajo pero reconfortante. Me propuse dos días a la semana dedicar una hora para aprender algo nuevo y, por otro lado, hacer algún deporte: empecé clases de piano y volví a jugar al tenis. Incluso me traje el piano a La Feliz porque para tocar bien, ¡hay que practicar mucho!”, asegura la bailarina todavía con la felicidad del debut junto a Federico D’Elía y Victorio D’Alessandro — en lugar de su pareja Nicolás Cabré (38)— a flor de piel.

“Tenía muchas ganas de que llegue el 21 de diciembre para debutar en Mar del Plata. Es una obra familiar que me encanta hacer porque difícilmente se repita en Argentina una producción tan grande, con 30 personas en escena, como la que está haciendo Gustavo Yankelevich. La gente se divierte en todas las funciones —de martes a domingos a las 21 horas—, ‘Vico’ se adaptó bárbaro a la obra. Estoy feliz. En el estreno estuvo Flor (Peña) con sus hijos Juan y Tomás, con su novia Juanita Tinelli. Y al día siguiente vino Nico a verme”, dice Laura después de hacer la producción de fotos para CARAS en el House del complejo Haras del Sur.

—¿Cómo vivió esa función con su novio como espectador? —Fue todo muy especial. Después de escena me dijo palabras hermosas. Valoro mucho su visión ya que es criterioso y sabe separar las cosas. Nunca lo conté: durante la temporada de “Sugar” en Buenos Aires no nos hablábamos con Nico. Cumplíamos nuestro trabajo y nos íbamos. Era: “Hola y chau”. Fue implícitamente, sin ponernos de acuerdo. Queríamos que simplemente se hablara de nuestro laburo. Y arriba del escenario la pasamos genial, fue un disfrute total trabajar con él. Para mí es el mejor en lo que hace, me hizo crecer: yo le preguntaba ciertas cosas y él me ayudaba en todo. Más allá del amor que le tengo, lo admiro mucho y respeto como actor.

—¿Y cómo tomó las críticas del año pasado? ¿En algún punto sintió que la envidian? —Nunca me fijé en las cosas negativas que puedo generar en el otro, no me hago cargo. Al principio me dolía cuando se metían con mi mamá (Inés Stork). Pero después, al notar que a algunos no les importaba nada con tal de tener un destaque en Showmatch y posterior rebote, dejé de hacerme problemas. Entendí cuál era el fin detrás de lo que se decía y no contesté más. Las críticas me hubiesen afectado si venían de personas que respeto y admiro.

—Ángel de Brito dijo que si vuelve este año a “Showmatch” es para bailar, no como jurado… —Sí. Si hoy tuviese que decidir, no me volvería a quedar sentada como jurado ni loca: durante todo el 2018 tuve ganas de pararme y bailar en la pista. Obviamente no me arrepiento de la decisión porque crecí siendo jurado, pero ya no volvería a hacerlo porque sería algo muy estático para este momento de mi vida: quizás sí volvería a bailar. Siempre voy a estar agradecida a “Showmatch” porque nací popularmente ahí. Marcelo es un hombre que admiro y me encanta trabajar en la Productora. Hoy estoy analizando qué voy a hacer en 2019. Lo que pasó con “Sugar” me abrió las puertas a propuestas muy lindas. Pero, como soy cabulera, hasta que no concrete, no quiero decir nada.

—Comparte temporada con Barbie Vélez y Federico Bal, ¿Qué le genera eso? —Nada en especial. Con Fede terminamos bien y está todo bárbaro: hemos hablado después de terminar la relación, incluso me escribió el día que gané el premio ACE para felicitarme. Ojalá sea una buena temporada para todos ¡aunque primero vengan a ver “Sugar”!

—¿Iría a ver las obras de ellos? —No me dan los horarios con las funciones. Está todo más que bien y les deseo lo mejor. Pero, honestamente, si tuviese una noche libre, la aprovecharía para ir a comer con Nico, quien se instaló conmigo y me acompañará durante toda la temporada.

—¿La sorprenden esos gestos, como cuando la llamó en su último programa de radio y le declaró su amor? —¡Sí y me encantan! Al principio cuando lo escuché en la radio pensé que era un imitador que me estaba haciendo una broma. Sé lo que se cuesta, es algo que nunca hizo. Me dijo que le nació porque sabía que era un día especial para mí. Apenas habló, me tocó un punto sensible y comencé a llorar. Cuando empezamos a salir no nos daban los horarios: él empezaba temprano a grabar, después yo me iba a la radio y no nos veíamos hasta la noche, cuando volvía de “Showmatch”. Nuestros momentos de vernos eran desde la 1.45 hasta las 2.30, cuando moríamos de sueño. Incluso los fines de semana tampoco tenía libre con “Combate”. Sabe lo importante que es el trabajo para mí y me bancó un montón durante ese tiempo.

—¿Cómo se dio la primera salida? —Todo se generó a partir de una confusión que tuvimos en la última función en Buenos Aires. Fue algo que dijimos diferente, que el público no se dio cuenta porque estaban otros llevando adelante la escena principal. Pero nos lo comentamos luego en el brindis general de “Sugar”. Se me acercó y me dijo que había estado bueno trabajar conmigo. Yo le dije: “¿En serio? ¡Porque no nos hablábamos! Jaja…” Empezamos a notar todas las cosas que teníamos en común: pensamos lo mismo sobre no volar de más en esta profesión, que nos apasiona… también nos reíamos en que éramos los primeros en llegar al teatro, siempre coincidíamos cuando entrábamos… y nos sinceramos en que no había mala onda entre nosotros, sólo nos evitábamos para no generar confusiones hacia afuera. A partir de ese día nos relajamos y nació el vínculo. Me acuerdo que hice esa última función con fiebre, me quedé poco en el brindis porque me tenía que ir a Ezeiza ya que tenía una sola semana para descansar y me iba de viaje. Al otro día, se preocupó por cómo estaba y me mensajeó. Empezamos a conocernos más desde la distancia. Hablábamos todos los días, teníamos charlas por teléfono durante varias horas… y cuando volví a Buenos Aires, pasó un tiempo y luego nos vimos. Desde la primera cita que fue en mi departamento, ¡quería ser local! Jaja…, nunca dejamos de estar juntos. Fue todo muy relajado y puertas adentro porque no se podía salir. Esa noche me enamoró el chico que nació en mi mismo barrio de Mataderos, más allá de mi compañero de trabajo.

—¿Quiere que Nicolás sea el padre de sus hijos? —¡Sí, ojalá! Con él me pasó algo que no me había pasado nunca: pensar en formar una familia con alguien el día de mañana. Tuve relaciones y amores antes, pero no proyectaba. También pasamos las Fiestas juntos: primero fui yo con su familia y después él vino con la mía. Son cosas nuevas que me genera, nunca me pasó con otra pareja. Con él se dieron las cosas de otra manera: siento un amor que no había sentido. Todo es espontáneo: cuando sacamos una foto y le digo que salí mal, él no me deja arreglar el pelo y sacar otra: me dice que la foto es la del momento.

—¿Lo sorprende cocinándole? —No pude. Por ahora, como él me está acompañando, organiza la cena mientras estoy en el teatro. Pero prometo este verano ponerme las pilas y cocinarle algunos días.

—Nicolás se hizo fanático del running en los últimos años, ¿Van a salir a correr juntos en La Feliz?

—Sí, eso me motivaría más. Nico ya se armó su rutina de entrenamiento como corredor. Vamos a meter caminatas o gimnasio juntos. Yo tengo dos horas de entrenamiento por función y si tuviese que hacer más actividad sola, no tendría tanta fuerza de voluntad que haciéndolas con él.

—¿Se van de vacaciones cuando termine la temporada? —Sí, estamos pensando a dónde ir. Yo no viajé mucho porque cuando tenía el tiempo, no tenía la plata y cuando me lo pude pagar, no tenía el tiempo. Tengo ganas de conocer Nueva York y Broadway. Y a la vez queremos ir a un lugar de descanso. Por eso, lo estamos decidiendo.

—¿Y convivencia? —¡Sí! Con él no tengo un no. Es sí a todo: quiero vivir al lado suyo lo que me resta de vida. Dejo que las cosas se vayan dando cuando tengan que ser, pero mi deseo es estar siempre juntos: me siento de una manera muy especial con su compañía.

El reloj marca las 11 de la noche en La Feliz. A pocas cuadras, la serenidad del mar contrasta con la multitud de transeúntes que camina por la Rambla Casino. Después de saludar a una platea repleta que la aplaude de pie, Laura vuelve a su camarín y realiza la entrevista. Lo hace con la misma energía con la que deslumbró horas antes arriba del escenario. Dice que supo esperar cuando las oportunidades no llegaban y los amores la decepcionaban. Menciona a sus padres como los grandes responsables de su perseverancia y fortaleza pero no puede terminar la frase porque se le quiebra la voz. Se refiere a esas mismas personas que de niña le pagaron la primera clase de danza con sus ahorros y le dijeron que, con estudio, trabajo y fidelidad hacia sus deseos, iba a lograr todo lo que se propusiera.

por Naiara Vecchio (Producción: Sol Miranda)

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