Los Mellizos de Monaco

Con apenas 4 años, Gabriela Teresa María Grimaldi, Princesa de Mónaco y Condesa de Carladés, y su hermano —sucesor al trono— Jacques Honoré Raniero Grimaldi (marqués de Baux), los mellizos del príncipe Alberto II de Mónaco (61) y de Charlene Wittstock (41), se convirtieron en la gran atracción de Europa. En cada una de sus presentaciones los pequeños se llevan todos los flashes y las sonrisas de sus súbditos. Mientras sus padres se ven fríos y distantes, ellos se divierten y protagonizan grandes travesuras. Esta vez, los pequeños se “adueñaron” del “Sainte Devote Rugby Tournament”, el tradicional torneo de rugby que, desde 2009, se realiza en el estadio “Louis II” y es organizado por la Fundación que preside la princesa. La competición enfrenta a 17 equipos de 14 países y la Familia Real de Mónaco presenció el partido que disputaba Sudáfrica, país natal de Charlene, y los Estados Unidos. Habiendo nacido en Mónaco y perteneciendo a la familia Grimaldi, los “mini Royals” no podían no ser “fashionistas”, ya que por sus venas corre la misma sangre que la de su tía Carolina (62) y de sus primas Casiraghi y Hannover. En cada una de sus salidas los pequeños sorprenden con estudiados outfits. Creaciones modernas de prestigiosas firmas y accesorios que se agotan en los locales. Gabriela ya tiene un guardarropas que muchas mujeres envidiarían. Entres sus últimas prendas que llamaron la atención, se destacan su abrigo colorado preferido para ir al colegio, by Belle Rose (U$S 86), su campera blanca, by Moncler (U$S 750), su boina Gucci (U$S 140), su chaqueta Dolce & Gabbana (U$S 700), sus vestidos también Gucci (U$S 400) o su campera de cuero negra by Baby Dior (U$S 2800) y su ya sello distintivo, los Baby Ray-Ban, de 79 dólares.

 

En la platea del estadio, los mellizos se lucieron en “twinning” (de moda en Europa, del inglés “twin”, que significa gemelo y consiste en vestirse igual a alguien) con sus padres. Gabriela llevó un saco idéntico al de Alberto, con el escudo de la Federación monegasca de rugby. Mientras Jacques lució un chaleco negro que hacía juego con la campera de Charlene. Observarlos en su complicidad fue el único motivo que iluminó con sonrisas los rostros de sus padres. Mueca que sólo se repite cuando hablan de sus pequeños herederos.

“Hay mañanas que duermen más pero otras en las que se despiertan temprano y no paran por el resto del día. ¡Están llenos de vida, pero llega un punto en el que tienen demasiada energía!”, confesó la madre.

“Jaime es reservado y seguro. Se toma su tiempo para hacer las cosas que le gustan y nadie puede obligarlo a hacer nada que no quiera”, agregó su padre.

“Gabriela no tiene miedo de nada y por eso hay que estar un paso por delante de ella. Los dos son muy independientes y son más fuertes cuando están juntos”, repitió su madre resignada con la fuerte personalidad de sus hijos. Que más allá de las formalidades de sus coronas, se divirtieron atrapando un balón de rugby que desvió su curva hacia la platea.

 

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